La memoria gráfica: nuestro cerebro piensa en imágenes


“Una imagen vale más que 1.000 palabras”.

¿Quién no ha leído o escuchado este proverbio chino alguna vez?

El lenguaje es mucho más que una sucesión en fila de palabras, sonidos o signos. El lenguaje es la base de la comunicación, es vital para nuestro comportamiento social  y determinante en las relaciones humanas.

Entonces, ¿por qué cuando nos comunicamos a veces el lenguaje no logra el efecto esperado?

Estudios neurocientíficos demuestran que el lenguaje de las imágenes tiene un efecto más potente en nuestro cerebro que el lenguaje de las palabras. Ernst Pöppel profesor emérito de psicología médica en la Universidad de Munich llegó a la siguiente conclusión: “sólo cuando alcancemos la memoria gráfica o episódica, lograremos conducir al ser humano a realizar un cambio en su comportamiento“.

Pongamos un ejemplo: si preguntamos “Qué es el fútbol” a una persona absolutamente indiferente a este deporte, responderá algo del tipo: “es un deporte en el que juegan 11 contra 11, en un campo rectangular de césped, se juega con el pie y la cabeza y en el cual gana el que más balones mete dentro de la portería contraria según unas determinadas reglas”. Para esta persona, su conocimiento sobre fútbol se basa en datos que ha podido recibir en algún momento y para ello tira de su memoria de datos, sin vinculación emocional anexa.

En cambio, ¿cómo creéis que respondería una persona muy aficionada al fútbol al hacerle la misma pregunta?

Su respuesta además de incluir datos,  se basará en experiencias, en vivencias que se han guardado en su memoria en forma de imágenes clasificadas emocionalmente.

Una muestra más: si les enseñamos la siguiente imagen, ¿creéis que generará el mismo impacto en el cerebro de ambas personas?

Gol Mundial 2010

Al aficionado al fútbol esta imagen le evocará un maravilloso recuerdo repleto de emociones y sentimientos.

El indiferente seguramente acierte diciendo que es el gol de la final del mundial que ganó España, pero ¿recordará el año? ¿y el lugar? ¿se acordará de dónde estaba en aquel momento? En definitiva ¿estará accediendo a su memoria gráfica para responder al ver la imagen? Seguramente no.

Pues yo sí. 11 de julio de 2010, una noche calurosa de verano, rodeado de amigos en mi casa, con la camiseta puesta de la selección, jugando por primera vez la final de un mundial de fútbol. Un partido vibrante en el que no llegan los goles, con un susto tremendo durante una ocasión clara fallada por Robben ante Iker Casillas, tensión, nervios…y máxima euforia cuando Iniesta engancha el pase de Cesc y mete el gol que convierte a España en Campeona del Mundo…

¿A quién no se le ha puesto el vello de punta viendo este vídeo? Al indiferente, seguramente…

Conclusiones:

+ Sólo cuando la experiencia “nos toca” emocionalmente, llega también a la memoria gráfica, y sólo si llega allí, surgirá un cambio en nuestro comportamiento.

+ Si usamos el lenguaje para transmitir datos y éstos tienen poca relación con nosotros o ninguna, el efecto será menor.

+ Si queremos obtener un resultado correspondiente a las expectativas de nuestro mensaje, tenemos que procurar usar palabras que creen en la mente del oyente imágenes, sonidos o sensaciones, las cuales a su vez sean valoradas emocionalmente como positivas para que el cerebro las guarde en la memoria gráfica.

Alberto Costa

Coach Profesional Certificado

www.accmcoaching.com